martes, 15 de mayo de 2012

...NAVEGANDO SIN TIMÓN EN MEDIO DE LA TEMPESTAD...


LOS MOLINOS









Tuve que ponerme la gorra del revés. Los seres que se comunicaban conmigo estaban especialmente hiperactivos  esa noche.

Estaba en Los Molinos. Había despedido a gritos a mi hermano del Bar-Club Social que regentaba por entonces y luego había dirigido un partido de mi equipo de infantiles. Los padres deberían hacer un examen psicotécnico a los entrenadores de sus hijos porque horas después del partido yo estaba por primera vez en el Psiquiátrico, más tarde rebautizado por mis amigos como el Hotel.

Hice el trayecto Madrid- Los Molinos y vuelta  unas cuatro veces pero los seres me perseguían y se dirigían a mí a través del cassette del coche.

Diluviaba.Yo era El Elegido de la canción de Silvio Rodríguez:

“Nació de una tormenta

En el sol de una noche

El penúltimo mes…”

¡Cáspitas!, yo nací en Noviembre . Yo soy ese del que habla la canción que irá de planeta en planeta,  que supo la Historia de un golpe y que iría matando canallas con su cañón de futuro.

Fui a contarle mis hallazgos a mi mejor amigo entonces. Salté la tapia y allí estaba Conan. Si hoy me cruzara con un perro de aquellas dimensiones os aseguro que me cruzaría de acera sin dudarlo.

Le expliqué todo el rollo de mi misión y los seres y de mi futuro estrellato musical que sería mucho más espectacular que el de The Beatles. Le expliqué que haría construír un escenario en aquel mismo patio y vendrían desde todas las partes del mundo gente a escucharme cantar y los músicos más importantes a compartir escenario conmigo.

Debo decir que esta paranoia de la música siempre ha estado presente en mis episodios psicóticos. Y eso a pesar de que no paso del Sol-Do-Re con la guitarra. No había problema. Aquellos seres introducirían en mí la técnica para tocar instrumentos, el solfeo y lo que hiciera falta.

Nunca tenía sueño. Me daban tirones en los gemelos de tanto ajetreo sin el pertinente descanso nocturno.

Comer lo consideraba un retraso para el cumplimiento de mi misión así que casi nunca lo hacía. Debía tener un aspecto horrible.

En un ingreso posterior mi pobre madre me vio ( ahora me duele, al escribir esto, pensar en qué sentiría ella en aquel momento) y luego siempre comentó que era clavado a esas figuras de Jesucristo, delgado, tostado por el sol, con barba de siete días, y con el pelo largo y desaliñado.

Lo que me faltaba a mí:! que me encuentren parecido con Jesucristo!


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Escribe tu comentario