LOS MOLINOS
Tuve que ponerme la gorra del revés.
Los seres que se comunicaban conmigo estaban especialmente hiperactivos esa noche.
Estaba en Los Molinos. Había despedido a gritos a mi hermano
del Bar-Club Social que regentaba por entonces y luego había dirigido un
partido de mi equipo de infantiles. Los padres deberían hacer un examen
psicotécnico a los entrenadores de sus hijos porque horas después del partido
yo estaba por primera vez en el Psiquiátrico, más tarde rebautizado por mis
amigos como el Hotel.
Hice el trayecto Madrid- Los Molinos y vuelta unas cuatro veces pero los seres me
perseguían y se dirigían a mí a través del cassette del coche.
Diluviaba.Yo era El Elegido de la canción de Silvio
Rodríguez:
“Nació de una tormenta
En el sol de una noche
El penúltimo mes…”
¡Cáspitas!, yo nací en Noviembre . Yo soy ese del que habla la
canción que irá de planeta en planeta,
que supo la Historia
de un golpe y que iría matando canallas con su cañón de futuro.
Fui a contarle mis hallazgos a mi mejor amigo entonces.
Salté la tapia y allí estaba Conan. Si hoy me cruzara con un perro de aquellas
dimensiones os aseguro que me cruzaría de acera sin dudarlo.
Le expliqué todo el rollo de mi misión y los seres y de mi
futuro estrellato musical que sería mucho más espectacular que el de The
Beatles. Le expliqué que haría construír un escenario en aquel mismo patio y
vendrían desde todas las partes del mundo gente a escucharme cantar y los
músicos más importantes a compartir escenario conmigo.
Debo decir que esta paranoia de la música siempre ha estado
presente en mis episodios psicóticos. Y eso a pesar de que no paso del
Sol-Do-Re con la guitarra. No había problema. Aquellos seres introducirían en
mí la técnica para tocar instrumentos, el solfeo y lo que hiciera falta.
Nunca tenía sueño. Me daban tirones en los gemelos de tanto
ajetreo sin el pertinente descanso nocturno.
Comer lo consideraba un retraso para el cumplimiento de mi
misión así que casi nunca lo hacía. Debía tener un aspecto horrible.
En un ingreso posterior mi pobre madre me vio ( ahora me
duele, al escribir esto, pensar en qué sentiría ella en aquel momento) y luego
siempre comentó que era clavado a esas figuras de Jesucristo, delgado, tostado
por el sol, con barba de siete días, y con el pelo largo y desaliñado.
Lo que me faltaba a mí:! que me encuentren parecido con
Jesucristo!
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